Entre ayer y hoy he estado haciendo esta pintura que tenía en mente (mide cosa de medio metro por un cuarto de metro). Probé con el puntillismo, aunque me ha quedado más personal de lo que imaginaba. Luego están las raíces, muy Brush y Vintage (de estilo gótico-victoriano). El fondo difuminado que puede encasquetarsele al Dreamtime (Estilo de arte moderno aborígen, que representa los sueños, la inconsciencia, los viajes astrales...). El tronco es de estilo más bien realista y los símbolos son típicos aborígenes, significan, en conjunto con el resto de la pintura: La madre anciana (círculo de abajo) dá descendencia (raíces), una de ellas se separa y forma su propio árbol, otra empieza a hacerlo (ese es el brote que se ve en el suelo), el tronco del árbol está protegido por la enredadera blanca (pura) y defendida por la serpiente. Bajo el árbol se ve el símbolo aborígen significante del camino del héroe o la heroína (en este sentido los aborígenes no son muy machistas), cada círculo representa un asentamiento o una fase superada (más metafóricamente hablando), y sobre uno de ellos, forja su familia, alimentada por la fuerza (símbolo del poder y el liderazgo aborígen, en la derecha) y por los lazos sociales (es lo que representa el pequeño sol blanco, que simboliza las reuniones en torno al fuego de una tribu). Finalmente las hojas (hijos) se dispersan por todo el mundo. Custodiando toda esta historia están los pájaros o boomerangs rosas, o las mariposas o pétalos del mismo color, eso es pura fantasía, pura decisión del que observa.
jueves, 26 de marzo de 2009
Aboriginal art by Me! (Como siempre se ve de pena, parece un dibujo de niños chicos...)
Entre ayer y hoy he estado haciendo esta pintura que tenía en mente (mide cosa de medio metro por un cuarto de metro). Probé con el puntillismo, aunque me ha quedado más personal de lo que imaginaba. Luego están las raíces, muy Brush y Vintage (de estilo gótico-victoriano). El fondo difuminado que puede encasquetarsele al Dreamtime (Estilo de arte moderno aborígen, que representa los sueños, la inconsciencia, los viajes astrales...). El tronco es de estilo más bien realista y los símbolos son típicos aborígenes, significan, en conjunto con el resto de la pintura: La madre anciana (círculo de abajo) dá descendencia (raíces), una de ellas se separa y forma su propio árbol, otra empieza a hacerlo (ese es el brote que se ve en el suelo), el tronco del árbol está protegido por la enredadera blanca (pura) y defendida por la serpiente. Bajo el árbol se ve el símbolo aborígen significante del camino del héroe o la heroína (en este sentido los aborígenes no son muy machistas), cada círculo representa un asentamiento o una fase superada (más metafóricamente hablando), y sobre uno de ellos, forja su familia, alimentada por la fuerza (símbolo del poder y el liderazgo aborígen, en la derecha) y por los lazos sociales (es lo que representa el pequeño sol blanco, que simboliza las reuniones en torno al fuego de una tribu). Finalmente las hojas (hijos) se dispersan por todo el mundo. Custodiando toda esta historia están los pájaros o boomerangs rosas, o las mariposas o pétalos del mismo color, eso es pura fantasía, pura decisión del que observa.
martes, 24 de marzo de 2009
Las Blythe: Muñecas suficientemente Vintage, Frikis, Diabólicas y originales.









La Blythe (se pronuncia "blaiz" aproximadamente) es una muñeca creada en 1972 por la ya desaparecida compañía de juguetes estadounidense Kenner.
A diferencia de Barbie, Blythe no tiene novio o pareja formal, y no se da información sobre su profesión. Este hecho posibilita aún más las modificaciones que muchas de sus propietarias realizan en ellas, consistentes en retoques de pelo, color de ojos (se cambia una pieza llamada 'eyechip'), maquillaje, cuerpo, mecanismo interno, ropa, complementos, etc. De hecho, la subcultura Blythe ha florecido extremadamente rápido en internet, organizada en foros y grupos de usuarios. Hay todo un mercado virtual de diseñadores de ropa Blythe y customizadores (expertos en realizar las modificaciones) en expansión.
Las muñecas Blythe fueron desarrolladas inspirándose en los diseños de Margaret Keane, de manera similar a muchas otras muñecas americanas de los 60 y 70. Su principal característica era sus ojos, que tenían la posibilidad de ser cerrados a voluntad además de cambiar de color gracias a una cuerda con un tirador (conocida popularmente como 'pullstring') situada el la parte posterior de la cabeza, ocultada por el pelo. Las muñecas Blythe solo se vendieron en los EE.UU. (aunque se producían en Hong Kong) durante un año, 1972, ya que no fueron muy populares (las niñas americanas de la época tenían miedo de su cabeza desproporcionada) y eso las hizo desaparecer de las tiendas rápidamente.
Treinta años después de su lanzamiento inicial, las Blythe recuperaron su popularidad inesperadamente. En 1997, la productora Gina Garan recibió una Kenner Blythe original de 1972 como regalo de un amigo y empezó a usarla como modelo para mejorar sus habilidades como fotógrafa. Empezó a llevarse su Blythe adonde fuera, tomando cientos de instantáneas. Más tarde, en 1999, un encuentro casual con la japonesa Junko Wong, responsable de CWC, consiguió que las Blythe llamaran la atención de los ejecutivos de Parco - un popular centro comercial japonés - y de los fabricantes japoneses de juguetes. Más tarde en el mismo año, la compañía americana Hasbro (sucesora de Kenner) cedió los derechos de Blythe a la japonesa Takara. Pero esta vez convertidas en un producto 'de coleccionista' destinado a adultos.
Se dijo que recordaba a una «Barbie con elefantiasis»
Ensalada agridulce
lunes, 23 de marzo de 2009
jueves, 19 de marzo de 2009
La historia de Kiora...

La pregunta se inflamaba y tomaba diferentes formas, angulosas, ásperas, con espinos, rodaba, rodaba por su cabeza, hundiendo sus cortantes filos en su interior. De cada herida le brotaba una nueva pregunta, que a su vez tomaba formas siniestras y seguían reproduciendo las escalofriantes imágenes que desfilaban en órden y desorden simultáneamente por la consciencia de Kiora, como un horrible virus que pretende dominar todo tu cuerpo, hacerlo suyo para sus desconsiderados fines.
Le he dado lo mejor, le he dado mi vida, mi dignidad, mi cuerpo, mi mente, mis fuerzas, mis emociones, mi confianza, mi perdón. Mi amor. Nunca he amado tanto como he amado ahora, nunca he renunciado a nada porque el mundo está destinado a ser mío, porque yo estoy destinada a ser especial, pero tras darle la espalda al mundo por él, paradójicamente, él me ha rechazado también, y ahora, no puedo volver a pedirle al destino que vierta sobre mí sus amabilidades, y por lo que arriesgué todo ahora veo como se desvanece en un montón de ideas confusas que a su vez me clavan sus agujas de vudú en mis tobillos, inestables ya de por sí. Siempre caigo, pero mis piernas son ágiles y puedo volver a levantarme, incluso a bailar con el viento, soy rápida como una gacela jóven, y la intensidad conduce mis glóbulos rojos por dentro de mis venas. Mis movimientos son el fuego, y mi mente, cuando piensa en la intimidad, sólo para sí misma, con el amor que puede darse a sí misma, suele convertirse en luz chispeante, pero no una luz que chispea porque sí, siempre va en una dirección, como un chorro potente de un arma de fuego de los hombres blancos, los dioses de las almas de las personas, los conocedores de la naturaleza en su estado correcto, los dominadores de los elementos. O al menos eso es lo que ellos creen que son.
Acostumbro a sentir algo parecido en sumo grado a lo que siento por él, con la música, la luz, la vida de la naturaleza y los animales, y conmigo misma. Siento amor por el amor y por las cosas bellas, y ambas cosas son las que me mantienen a día de hoy, tras vivencias amargas como yuca verde, en la primera fila de la trinchera de mis caras. Porque yo no soy una, yo soy muchas, hay un trozo de cada persona que he amado u odiado en mí, de todo lo que he visto que ha provocado que los vellos de mi piel se erizen sobre sí mismos volviendose invisibles bajo la luz del sol, que con un beso ha vuelto mi piel escamas doradas de peces en su río, en su hogar. A veces creo que soy Kiora, la egocentrica, la inteligente, la que se pregunta cosas, la que se excluye del mundo para pensar y terminar deseando que decidan por mí, tras darle tantas vueltas a la cabeza que el agobio me hace ver que la felicidad se encontraba en la enajenación. Y otras soy la verdadera enajenada, que vive en consonancia con la mecanizada cuidad, semáforo en verde cada minuto, autobús cada siete minutos, chorro de la fuente, cinco segundos, descansa, otros cinco segundos...y cuando deja de vibrar con el ritmo absorbente, Kiora, sonríe, despreocupada, huele el ambiente, se humedece la boca y los labios, y piensa con los ojos brillando en él. Otras veces Kiora es de hierro oxidado, hojas caídas y nubarrones grises, y aunque esto le hace sentirse culpable, se siente más culpable aún cuando es de tormenta, huracán y gargantas quebradas que expulsan el eco de la ira. Pero por alguna extraña razón, se siente objeto de deseo de un Satán desconocido y menos diabólico de lo que suele representarse, más humano, necesitado de una mujer arrebatadora y una vida que le aleje de lo que conoce desde los inicios del universo. Se termina sintiendo orgullosa, pero siempre hay alguna gaviota que vuela cerca y le recuerda el significado de la vida: Volar, sola o con más aves, y ser inofensivo, ser feliz y hacer feliz a los demás, dejándo una marca suave en el mundo, pero indeleble. Kiora soy yo, y soy una mujer, aborigen y africana, con un pasado caprichoso y un presente incierto.
Su respiración se fué suavizando, se llevó la mano al pecho y pudo sentir sus palpitaciones. Le recordaron aquello que no quería seguir recordando: A él. Y que estaba viva.


