viernes, 7 de mayo de 2010

La ironía de Peter Jackson: Criaturas celestiales, rescatada de los años 90 que no satisfacían la sed de virtualismo del director


Lorquiana. El paralelismo entre la reciente The lovely bones del mismo director, por jugar con la fantasía, el mundo conocido y el desconocido, la belleza, el amor y el crímen, hicieron que llegase a esta maravillosa y, en su primera parte, entrañable, historia basada en una verdad de severidad amarga y realismo extraño.

El intenso retrato de una amistad que deriva en amor, un amor que se vuelve obsesión y una obsesión que se vuelve drama.

Desde el fulgurante y doliente estado de la adolescencia, que todos, de forma más o menos parecida pero siempre partiendo de cierta confusión, hemos vivido, se nos relata la intimidad entre dos jóvenes de vitalidad incontenible y pasión conmovedora, pero siendo víctimas del perspectivismo del aclamado director, que decide someterlas a la dureza propia del juicio del psiquiatra y del criminólogo.

La técnica narrativa posee mayor singularidad gracias al contexto tecnológico en que fue concebida. Entre ciertas etapas de histerismo y de tensión tenebrista, se mueven imágenes llenas de alegría y humor, potenciado por lo inexplicable y complejo de los personajes, que van definiendo la trama.

Decepciona al que pretende ver un alegato a favor del amor libre como opción positiva, pero funciona en otros muchos sentidos. Es un reflejo de la locura como objeto de la generosidad de las personas, de la naturalidad de la sexualidad humana y de los tabúes que, de forma infiltrada, tuercen los caminos de todos los seres que aportan vida a la civilización congelada en una trama de imágenes luminosas y de una jugosidad infantil.
Las interpretaciones, y más si se ven en versión original subtitulada, son desvergonzadas y dinámicas, la recreación de unos ideales monigotes que parecen nacidos de una clásica obra literaria, que no resulta ser más que las confesiones del diario de una de las necesariamente despiadadas chicas.


Pauline Rieper (Parker) o Melanie Lynskey, junto a su querida Juliet Hulme, interpretada por la maravillosa Kate Winslet en su primera intervención cinematográfica.

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